domingo, 18 de mayo de 2008

Pequeñísimos apuntes para el país de Fuenteovejuna:


1) El odio que los K tienen hacia el campo es el odio que todos los usureros experimentan frente a quines se desloma trabajando desde el alba hasta el ocaso. Aborrecen las frías madrugadas, la belleza del sol que se pone, la reunión en torno de la larga mesa familiar, (aunque a veces no haya mucho para la olla), la conversación sobre tal o cual pingo, la referencia a alguna gallina que ya no es tan ponedora como antes. Ellos están acostumbrados a no mover el culo de su mostrador, a la espera de que los ahorcados les lleven el contante y el sonante que rápidamente almacenan en sus repletas huchas.
2) Pero además del odio hacia el campo, los usureros sienten un rechazo epidérmico hacia el mismo hombre de campo, criado en torno de valores que los usureros desconocen: la palabra empeñada, el gesto solidario en las penurias compartidas, el sufrimiento por la sequía o la inundación, y las alegrías por el éxito del trabajo duro y áspero. Ello sólo saben de ejecuciones hipotecarias y prendarías, de remates de viviendas, de noches en las que maquinan sus viles y ruines menesteres.
3) Por eso, hay que seguir haciendo la pata ancha frente a estos forajidos que quieren “ejecutar” al país entero. No hay que achicarse, porque son hijos del rigor y no merecen contemplaciones: sólo el látigo los corre, como hizo el propio Cristo con los mercaderes que usurpaban el templo.
4) Si se aguanta, morderán el polvo y quizás corran la suerte del tiránico Comendador de Calatrava, muerto por el pueblo sublevado de Fuenteovejuna, la célebre pieza de Don Félix Lope de Vega y Carpio, ese “Monstruo de la naturaleza”, autor de 400 comedias, sin contar sus poesías, novelas, epístolas, etc. etc. Así termina el drama lopesco, cuando el juez interroga a los aldeanos:


- ¿Quién mató al Comendador?.

- Fuenteovejuna, señor.

- ¿Y quién es Fuenteovejuna?.

- Todos a una.

Y el rey perdonó al pueblo. “Todos a una”, pues.


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