miércoles, 14 de mayo de 2008

Para desgracia de lo$ KK: Los hombres de campo son muy especiales

No es lo mismo encarcelar militares octogenarios, como los representantes del Proceso, o conceptos como el neoliberalismo de los '90, que al campo. Las FFAA, por su verticalidad y un deterioro progresivo y sistemático de 30 años, fueron desmotivadas, desmoralizadas, desarmadas, prácticamente disueltas y neutralizadas, a tal punto que sólo sirven para un cambio de guardia simbólico. La delincuencia organizada desde el mismo régimen que domina la Argentina también tiene rienda suelta porque las policías del país sufrieron un deterioro similar a las FFAA. A las nuevas generaciones de uniformados no les importan sus predecesores, porque desapareció toda noción de camaradería entre ellos para suplirla por el mero egoísmo personal. Nadie va a mover un dedo por sus mayores aunque los cuelguen delante de ellos. No se sienten identificados y su desgracia no los afecta...
Pero la perplejidad del Gobierno ante esta inesperada resistencia surgió de un error de taxonomía, la ciencia que clasifica a los seres vivos: en su análisis incluyó a los productores rurales como si fueran simples empresarios de un sector determinado. A estos los comerciantes o industriales, NK ~viejo ladino y especulador usurero~ los tiene bien catalogados y sabe cómo manejarlos apelando a su codicia, y a que "el capital siempre es cobarde".
Para muchos empresarios, la relación con sus fuentes de producción puede ser más o menos abstracta. Sus máximos ejecutivos pasan de conducir una fábrica de galletitas a una petrolera. Lo mismo hacen la mayoría sus accionistas: invierten en diferentes empresas guiados casi exclusivamente por la rentabilidad de corto plazo. Si una actividad se convierte en deficitaria, no entablarán una guerra santa por ella: migrarán a otra. Y en el caso de las multinacionales, si un país deja de ser atractivo, siempre habrá otro mejor. Son tan previsibles como condicionables. El problema para el Gobierno es que los productores rurales quieren ganar dinero como los empresarios, pero son otra clase de personas.
La relación con su medio de producción no es abstracta, sino que es visceral. La incidencia que tiene la naturaleza en la suerte de su producción genera vínculos religiosos con esa tierra que trabajan. Lo que entre los empresarios hoy es la excepción, en el campo es la norma: el padre y el abuelo de esos productores se dedicaron a esa misma actividad, y no pocas veces en ese mismo campo que puede albergar la casa donde viven o se criaron sus hijos.
A las cuestiones emocionales se les agrega una dimensión meta ideológica. El capitalismo rural tiene una relación con la propiedad privada muy anterior a la del capitalismo como sistema político y económico. La propiedad privada es vivida como absoluta y perpetua, de una forma muy diferente a como, por ejemplo, Techint digiere la estatización de Sidor, su mayor acería en Venezuela: dependiendo de cuánto pague Chávez de indemnización, los accionistas podrían tener motivos hasta para festejar. Es extraño que un gobierno que en su mesa chica cuenta con un maoísta como Zannini (por eso le dicen "el Chino") no haya advertido a Lousteau y a Alberto Fernández de que tanto Mao como Stalin hicieron y deshicieron la industria y el comercio de sus países, pero al intervenir en el campo tuvieron que enfrentar sus más duras batallas.
Tanto Stalin como Mao intervinieron el campo para capturar su renta y, con ella, subsidiar el desarrollo de la industria y transferir recursos del interior a los centros de decisión. En todos los casos, para vencer la resistencia de los productores fue necesario arrancarlos por la fuerza de sus tierras y matar a decenas de miles de ellos. Además, sería muy injusto para el Gobierno compararlo con Stalin o Mao. Stalin fue un tirabombas de verdad, NK no. Mao Tzetung un estratega y guerrillero que tomó el país con un increíble ingenio: NK, un inmoral de ambición desmedida, simplemente asaltó el poder, perpetuándose mediante un simple fraude electoral. Ni Stalin ni Mao necesitaban sobornar a nadie con «la caja». Les temían. A NK la gente le está perdiendo el miedo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

QUE BUENA NOTA!!!! CUANTA REALIDAD Y VERDAD HAY EN ELLA, MIS FELICITACIONES! Y ADELANTE CON EL CAMPO ARGENTINO.